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Martes, 01 Septiembre 2015 08:21

Envejecer: miedos y temores

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miedo a envejecer"Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado"(Quevedo)

 

 

El tiempo pasa, corre, vuela…., aunque sus efectos no afectan a todo el mundo por igual. Hay quien en la senectud se convierte en un venerado sabio, quien se transforma en un viejo verde o incluso quien, desgraciadamente, acaba siendo víctima de las arrolladoras consecuencias de una demencia.

En la sociedad actual, y desde hace algunos años, la palabra vejez se relaciona a rechazo/miedo y una gran parte de las conductas humanas van enfocadas a luchar en su contra (baste con atender a los distintos anuncios publicitarios en diversos medios). Las cirugías estéticas, los tintes para el pelo, la lucha contra la calvicie, determinadas dietas y ejercicios, el uso de productos anti age, las mentiras acerca de nuestra verdadera edad, … y un sinfín de comportamientos que responden a un mismo temor: miedo a envejecer.

Las imágenes usadas en los medios de comunicación, así como el valor positivo que se le atribuye a la juventud actualmente, contribuyen al mantenimiento y exaltación de este temor que, por lo general, es más común en mujeres. En este sentido, ese momento en el que alguien te para por la calle y te llama “señora”, puede suponer un trauma que, de no asumirlo con naturalidad, aprobación, e incluso humor puede desembocar en una auténtica crisis de identidad y no aceptación con consecuencias negativas para nuestro bienestar emocional. Este miedo se ve agudizado ante las presiones por la belleza y la perfección que la sociedad actual nos intenta imponer.

miedo a envejecer2Desde un punto biológico, ¿a qué edad empezamos a envejecer? Aunque hay variedad de opiniones al respecto, numerosos expertos coinciden que es a partir de los 30 años, como es el caso del catedrático de Fisiología y Doctor en Neurociencia Francisco Mora o del ex director del Laboratorio de Envejecimiento de la NASA, Jaime Miquel, recientemente fallecido. Es a partir de esta edad cuando empiezan a aparecer las primeras arrugas en el entrecejo o las patas de gallo. También en esta edad se manifiestan los primeros signos del fotoenvejecimiento temprano, los poros se abren y se asoman señales de acné cicatrizado. Pero no sólo envejecemos por fuera… De poder adentrarnos en el interior del cuerpo, veríamos como el paso del tiempo modifica todos los tejidos y órganos, incluido cerebro y sistema nervioso. Las células experimentan cambios, haciéndose más grandes y perdiendo la capacidad de dividirse y multiplicarse. En este sentido, los estudios postmorten revelan que el cerebro y la médula espinal pierden peso y neuronas (atrofia). Esto ocurre en el envejecimiento normal y en cualquier adulto sano. Sin embargo, el envejecimiento también puede determinar la aparición de enfermedades neurodegenerativas. Entre las más conocidas que cursan con deterioro cognitivo progresivo, que concluye en demencia, se encuentra la Enfermedad de Alzheimer. Cada día van en aumento las cifras diagnósticas de esta enfermedad, lo que genera cuantiosos gastos sociales y sanitarios. Y sobre todo un enorme sufrimiento. Dolor tanto para el paciente en los inicios de la enfermedad, cuando todavía tiene consciencia, como para los familiares de este. Poco a poco, el enfermo va perdiendo sus recuerdos, su identidad, su conciencia de la realidad. Y de nuevo aquí el tiempo pasa, la demencia progresa. Y las pérdidas también.

Tanto un caso como en otro (envejecimiento normal, envejecimiento patológico) hay un cambio notable a diferentes niveles, muchas veces difícil de asumir. La buena noticia es que conforme envejecemos disponemos de mayores recursos personales, que hemos ido aprendiendo e integrando a través de historia vital, una perspectiva distinta y más amplia de la vida que nos permite analizar y gestionar mejor tanto nuestras experiencias como nuestras emociones. Por lo general, al hacernos mayores, solemos asumir y enfrentar los retos de la vida con mayor serenidad y seguridad. Y es que como decía el filósofo alemán Nietzsche, “la madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños”.

Lupe Oroña

Psicogerontóloga. Redacción Revista Emprender

Visto 1755 veces Modificado por última vez en Martes, 08 Septiembre 2015 11:22