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Miércoles, 22 Febrero 2017 16:33

¡Se sienten, coño!

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teaserbox_2469406684.JPGSi algo tienen en común la política y el derecho es que ambas son armas de doble filo. Por política se entiende aquella ciencia cuyo campo de estudio versa sobre el gobierno y la organización de la asociación de personas.

Conforme a la necesidad de asociarse es menester la existencia de preceptos que regulen esa convivencia -donde esta ciencia hermana con el derecho-. Una convivencia que principalmente configura la actividad de tanto los que gobiernan - o aspiran a gobernar- como el conjunto de masas diversas que constituyen la sociedad.

Como instrumento, sendas armas configuran panoramas diversos empero con elementos comunes, fruto de un hermanamiento armamentístico, que puede caer en las manos equivocadas.

 

Como en toda cosecha, siempre destaca la fruta podrida, en este caso la que técnicamente podría definirse como «mobilismo social con fines destructivos» en base a un mal uso del hermanamiento armamentístico -caracterizado en su fundamento por la movilidad de conducta acorde a los alegatos peregrinos de su "líder" .

Principalmente los individuos de esta variedad tienen como actividad la persecución del prójimo con fines destructivos en favor del intercambio de posiciones, obteniendo así éstos los beneficios del trabajo de terceros sin ser merecedores de ello.

En lo relativo al impacto social causante, el resto de los mortales consideran que los presentes sectores denostan tendencia al dominio, aunque constituyen una minoría. Pese a que su dominio es irreal, el miedo que provocan sus actuaciones sí lo es, lo que da lugar a efectos que influyen gravemente en el ámbito económico de la sociedad.

Esta tendencia, resulta verdaderamente destructiva con el influjo de la utilización de medios arcaicos procedentes de tiempos inquisitoriales como la "clonación del pensamiento" a fin de destruir a quien destaca positivamente.

Esta reflexión puede ser estudiada por los lectores interesados, quienes podrán verlo reflejado en la fábula francesa de «los caracoles españoles».

Con la salvedad de los tecnicismos, la palabra que mejor define a estos sujetos nace de la vulgaridad de nuestra lengua castellana, es decir, el vocablo "imbéciles".

Aunque esta realidad sea políticamente incorrecta, cabe considerar que este modo de vida está profundamente arraigado en la sociedad, cuya única solución es la correcta educación de las nuevas generaciones para evitar su proliferación, ya que la imbecilidad en estos seres constituye un modo de vida.

Dicha educación, cabría no estar consistente en técnicas de "clonación del pensamiento" con la salvedad a que en toda educación existe la dificultad de la imparcialidad pero sí en la enseñanza histórico-contextual, la cual es la más aproximada a la realidad.

Para concluir, aclarar que, aunque ciertas formas ancestrales -como la citada anteriormente- sean criticables, existen prácticas de tiempos inmemoriales que permiten la imposición de respeto, de la cual nace la buena educación.

Al fin y al cabo, aunque la fruta podrida, pudra la demás, si se tira o no se recoge, la cosecha será buena


Autor: Manuel Freire-Garabal y Núñez
Prefecto de Rúbricas Académicas del Real Instituto Alfonso XIII

Visto 594 veces Modificado por última vez en Miércoles, 22 Febrero 2017 16:46